Es uno de los artistas españoles mas representativos del Siglo XX, su desbordante creatividad, así como las riqueza en las distintas formas de expresión plástica, hacen de él uno de los mayores artistas españoles de arte matérico.


Vino al mundo en Madrid en 1961. Su padre, D. Pedro Moya Martínez, importante hombre de negocios, se volcó en  su formación, consolidando la base artística del pintor  en los colegios La Salle (Almería) y San José (Campillos Málaga). Licenciándose en Bellas Artes (especialidad de Pintura) en la Universidad de Granada.


Con sólida base como dibujante, da sus primeros pasos en Publicidad y en el Retrato. En sus comienzos su pintura es figurativa, rigurosamente realista. (Realismo que aún cultiva esporádicamente, bien por encargo o por afinar el pincel y dominar el oficio). Aunque pronto, se tornará informalista, enmarcándose dentro del Expresionismo Abstracto  Matérico.
Emplea  diferentes materias mezcladas con todo tipo de objetos de desecho: desde el hierro oxidado, hasta restos arqueológicos.
En su obra: color, forma, relieve, profundidad, escultura y pintura cohabitan con total Libertad y naturalidad.
“El camino de la vida y de la muerte son uno y el mismo. Así lo ha entendido Pedro Moya en su serie “Tétanos”, pues en muchos momentos del informalismo que la revela, la materia se aviva, resucita, ironiza, indica una vía de percepción comunicativa, o se encierra en el mutismo de la destrucción. En su caer desde la piel al alma, arropándose en la corrosión y sus últimos destellos de hermosura”.
( Adolfo Castaño )


“El arte de Pedro Moya es una provocación estricta y una sugerencia consecuente. Pinturas en movimiento, cuadros y cuadros sin propósito aparente, el puro romanticismo de la apoteosis coral de un artista que prefiere su libertad, la rienda suelta de sus sentimientos en crines desbocadas, y con muchísimo respeto a toda la materia que haya caído en sus manos. La unión con la materia es lo único que nos salva, en el buen entendimiento de que la existencia humana cobra sentido en el mundo que pisamos. La materia única de la que estamos hechos desde toda una eternidad y que alienta por el universo, con nuestra soledad, son los materiales más nobles de construcción para terminar un cuadro. Estos materiales de construcción se resumen en dos: el color sensitivo y el sentir por los colores edificados en una pared de sugerencias rotas, un tapial armónico de texturas por donde asoma el artista todas las pulsiones de su alma cuando quiere exteriorizarnos vivencias o remordimientos, afanes y esperanzas que si alguien las ha visto ya no recuerda”.
( Domingo Henares )

 

 

 

 

 

 
 
 
 
 
 
   
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